Las Cariátides de la Acrópolis de Atenas

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Querido viajero, seis mujeres de mármol llevan casi 2.500 años sosteniendo un pequeño pórtico en lo alto de la Acrópolis. Y no están ahí de adorno. Ese templo, el Erecteón, recuerda el momento mítico en que Atenea y Poseidón se disputaron el patronazgo de Atenas. Para mí, las cariátides son el detalle más íntimo y humano de toda la colina. También uno de los peor entendidos por quien sube sin saber qué está mirando.

En esta guía verás qué son exactamente, por qué están ahí, la historia que arrastran hasta el Museo Británico y, sobre todo, cómo verlas hoy: las réplicas en el Erecteón, las cinco originales en el Museo de la Acrópolis y la sexta, separada de sus hermanas, en Londres.

Qué son las cariátides y que función cumplen

Una cariátide es una figura femenina esculpida que sustituye a una columna o pilastra y sostiene el entablamento sobre su cabeza. Su gracia está en fundir escultura y arquitectura en un mismo cuerpo. Cumple una función estructural real, decora el edificio y, además, carga un significado simbólico. En el Erecteón se entiende especialmente bien esa mezcla de escultura y arquitectura.

Las de Atenas no fueron las primeras. Ya en el siglo VI a. C. hubo figuras femeninas como soportes en el Tesoro de los Sifnios y en el de los Cnidios, en Delfos. Las del Erecteón son, sin duda, las más conocidas. Muchos estudiosos las interpretan como canéforas, es decir, como las jóvenes que portaban el cesto ritual durante las procesiones

Fíjate que no es casual el detalle: sobre la cabeza llevan un cimacio labrado como un canasto.

El Pórtico de las Cariátides del Erecteón

El conjunto lo forman seis figuras monumentales, dispuestas cuatro al frente y una a cada lado, creando una U abierta hacia el sur. Y no sostienen un tejado cualquiera: el pórtico se levanta sobre el Kekropion, la tumba mítica del rey Cécrops. Ese detalle, que casi nunca se menciona, lo cambia todo. Las doncellas custodian una tumba real, lo que da al lugar un carácter funerario y sagrado.

Cuando estés delante, fíjate en las piernas: las tres figuras del lado izquierdo apoyan el peso en la pierna derecha, mientras que las del lado contrario lo hacen en la izquierda. Así crean una elegante simetría de espejo.

El pórtico no es un acceso principal, sino un espacio casi oculto, de carácter ritual, ligado al antiguo santuario de Atenea Políada. Las cariátides «miran» hacia el sur, en dirección al Partenón. A su lado se encuentra el Pandroseion, dedicado a Pandroso, hija de Cécrops, donde crecía el olivo sagrado de Atenea. Hoy sigue habiendo allí un olivo, descendiente simbólico que muchos visitantes pasan por alto.

El Erecteón y su peculiar arquitectura

El Erecteón fue construido en el siglo V a. C., durante la época de mayor esplendor de Atenas. Su forma irregular responde al desnivel del terreno y a la necesidad de reunir en un mismo edificio varios lugares sagrados relacionados con Atenea, Poseidón y los primeros reyes míticos de la ciudad.

Su planta es la más singular de la arquitectura griega clásica. El terreno presenta un desnivel de más de tres metros entre el extremo este y el oeste. En lugar de arrasarlo, el arquitecto adaptó el edificio, y el resultado es un templo asimétrico con cuatro fachadas totalmente distintas. Sus capiteles jónicos del pórtico norte están considerados entre los más bellos de la Antigüedad y se han imitado en innumerables edificios neoclásicos, incluido el pórtico norte de la Casa Blanca.

Bajo un mismo techo convivían varios cultos y espacios sagrados. Allí se encontraba el xóanon de Atenea Políada… (una arcaica estatua de madera de olivo, la imagen más venerada de Atenas, vestida con un peplos nuevo en las Panateneas), el culto de Poseidón-Erecteo, la memoria del rey Erictonio… En la práctica, el Erecteón era un templo-relicario de la memoria fundacional de la ciudad.

El mito fundacional de Atenas y su vínculo con el templo

La disputa entre Atenea y Poseidón por el patronazgo de la ciudad es el corazón simbólico del edificio. Poseidón golpeó la roca con su tridente e hizo brotar agua salada. Atenea plantó un olivo. Los atenienses eligieron el olivo, y con él a la diosa.

El Erecteón conmemoraba materialmente ese mito. En el pórtico norte, una abertura en el suelo deja ver marcas en la roca que la tradición identifica con las huellas del tridente de Poseidón, asociadas también al pozo de agua salada. Al oeste, un olivo replantado en el siglo XX recuerda el árbol de Atenea. Son dos de las paradas fotográficas más evocadoras de toda la Acrópolis, y te recomiendo saber buscarlas antes de subir.

El origen del nombre «cariátide»

Un detalle curioso es que, en las inscripciones antiguas del Erecteón, estas figuras aparecen simplemente como korai, es decir, «doncellas». El término «cariátide» es posterior y se popularizó gracias a Vitruvio. Sobre su origen circulan varias explicaciones, más complementarias que excluyentes.

La primera apunta a Carias (Karyai), una aldea de Laconia próxima a Esparta, donde se rendía culto a Artemisa Cariátide. Allí, las jóvenes ejecutaban danzas rituales con cestos de juncos vivos sobre la cabeza, una imagen que conecta directamente con la postura de las esculturas sosteniendo el entablamento.

Una segunda versión, recogida por el comentarista Servio, cuenta el mito de Caria transformada por Dioniso en nogal (karyon significa «nuez»). La tercera es la de Vitruvio: las cariátides representarían a las mujeres de Carias, condenadas a cargar un peso eterno como castigo por haber apoyado a los persas durante las guerras médicas. Esta lectura política, de humillación y sometimiento, caló hondo en la tradición europea posterior. Pero esta interpretación genera bastantes dudas, entre otras cosas porque existen cariátides anteriores a las guerras médicas. Actualmente, muchos especialistas consideran poco probable esta interpretación.

Interpretaciones simbólicas de las cariátides

Más allá de la etimología, ¿a quién representan? Una hipótesis muy extendida las identifica con las hijas de Erecteo (las Erecteidas), sacrificadas para salvar Atenas en la guerra contra Eleusis, un mito recogido en la tragedia perdida Erecteo de Eurípides. Se las relaciona también con las Arréforas, jóvenes sacerdotisas al servicio de Atenea en la Acrópolis.

Frente a la lectura vitruviana del castigo, la observación directa cuenta otra historia. Sus rostros permanecen serenos y su postura es firme. No transmiten dolor, sino dignidad, en claro contraste con las cariátides dolientes del barroco. Esa carga sostenida con serenidad se ha interpretado como metáfora de deber y fortaleza. No sorprende que, con el tiempo, las cariátides también se han convertido en una imagen de fortaleza y resistencia.

Análisis artístico: cómo son las cariátides del Erecteón

Están talladas en mármol pentélico, extraído del monte Pentélico al noreste de Atenas, el mismo del Partenón. Miden aproximadamente 2,28 metros de altura. Con el tiempo, el mármol adquiere una pátina anaranjada característica que solo volvió a verse tras la limpieza láser reciente.

Visten peplos dóricos y himation, y aquí aparece uno de los detalles que más fascina cuando alguien te lo señala: los pliegues verticales de la túnica imitan las estrías de las columnas jónicas. Es un efecto óptico deliberado que convierte el cuerpo en fuste sin dejar de ser cuerpo. Sobre la cabeza, un cimacio labrado como cesto ritual, con motivo de ovas, sustituye al capitel.

El clasicismo ateniense se aprecia en que cada figura tiene un peso y una postura ligeramente diferentes. Los peinados trenzados (trenzas gruesas de espina de pez que caen por la espalda como cuerdas) aportan identidad y, no por casualidad, refuerzan visualmente el cuello, la parte estructuralmente más frágil de la escultura. Un curioso proyecto llegó a reproducir los seis peinados en mujeres reales y demostró que podían hacerse de verdad (Caryatid Hairstyling Project).

La policromía original se ha perdido, así que debe entenderse como reconstrucción hipotética, igual que la posible fíala de libación que algunas figuras habrían sostenido en la mano derecha, hoy no visible.

¿Quién esculpió las cariátides? El debate sobre Fidias

La autoría es incierta. Suele evocarse a Fidias, director del programa escultórico periclino, aunque difícilmente fue su autor directo. Se barajan también su escuela, el taller de Alcámenes o Calímaco. Una pista importante aparece en las cuentas conservadas del Erecteón, donde se registran pagos a distintos escultores. Es la prueba de que estas figuras, llamadas ahí korai, fueron fruto de un taller colectivo y no de una sola mano. Por eso atribuir individualmente los grandes programas del clasicismo resulta tan complicado.

Originales, réplicas y conservación

Conviene saberlo antes de subir: las cariátides que ves hoy en el Erecteón son copias. Se trata de réplicas en cemento colocadas en 1979, cuando los originales fueron retirados para protegerlos de la agresiva contaminación atmosférica ateniense, que estaba degradando el mármol.

Cinco de las seis originales se conservan en el Museo de la Acrópolis, en el llamado Balcón de las Cariátides, en el primer piso. Es una sala diseñada para reproducir su disposición en U, orientada hacia el Partenón, que se ve a través de los ventanales. Un pedestal permanece vacío, esperando simbólicamente el regreso de la sexta desde Londres. Entre diciembre de 2010 y 2014, las figuras se limpiaron con un innovador sistema láser. El trabajo se hizo a la vista del público, y los conservadores dejaron pequeñas zonas sin limpiar en cada figura para comparar el antes y el después. Es un detalle único que vale la pena buscar.

El actual Museo de la Acrópolis abrió en 2009.

La sexta cariátide en el Museo Británico

Entre 1801 y 1803, durante la ocupación otomana, Lord Elgin retiró una de las cariátides. La extracción fue traumática: para llevársela dañó la estructura del pórtico, y cuando sus operarios intentaron retirar una segunda, la fragmentaron y hubo que dejarla in situ, reforzando después el hueco con un pilar de ladrillo. El poeta Byron denunció el expolio en The Curse of Minerva y en Childe Harold’s Pilgrimage.

En 1816, Elgin vendió sus mármoles, la cariátide incluida, al Parlamento británico por unas 35.000 libras. Hoy se exhibe en el Museo Británico, junto al resto del friso del Partenón. Su superficie sufrió, además, una limpieza abrasiva en los años treinta que eliminó buena parte de su pátina antigua.

El debate sobre la restitución del patrimonio griego

Grecia reclama oficialmente la devolución de sus mármoles desde hace décadas. La campaña internacional formal la impulsó Melina Mercouri, ministra de Cultura en los años ochenta. El Museo Británico defiende la legalidad de la adquisición y su papel como museo universal, pero el marco general ha cambiado. Encuestas recientes en el Reino Unido muestran una mayoría favorable al retorno, y en los últimos años ha habido devoluciones parciales, como los fragmentos del Partenón entregados por el Vaticano (2023). El caso es un símbolo del debate más amplio sobre expolio, apropiación cultural y restitución.

A esta historia se suma un relato conmovedor: se cuenta que, en el siglo XIX, los guardas nocturnos de la Acrópolis creían escuchar el llanto de las cariátides llamando a su hermana perdida. Es folclore urbano, no un hecho histórico, pero resume bien lo que la separación significa para los atenienses.

Visitar el Erecteón y las cariátides en Atenas

El Partenón impresiona por su tamaño; el Erecteón, en cambio, suele conquistar por sus detalles y por esa intimidad tan poco habitual en la Acrópolis.

Un aviso útil: el pórtico está acordonado, no se puede pasar bajo las cariátides.

Entradas. La Acrópolis y el Museo de la Acrópolis son recintos independientes con entradas separadas. Desde 2024 la Acrópolis funciona con franjas horarias, por lo que debes entrar dentro del tramo reservado. Dicho esto, también existe cierto margen de tolerancia de unos 10-15 minutos. Hay además varios días de entrada gratuita al año (entre ellos el 6 de marzo, 18 de abril, 18 de mayo y 28 de octubre).

La información práctica está actualizada a fecha de redacción del artículo, pero algunos precios, horarios y condiciones de acceso pueden cambiar por temporada. Antes de comprar entradas o reservar transporte, consulta la web oficial correspondiente (hhticket.gr y theacropolismuseum.gr).

Consejos para apreciarlas mejor. Ve primero las réplicas del Erecteón y luego los originales del museo. Así entenderás mucho mejor el conjunto. Sube temprano, porque el primer tramo de la mañana ofrece la mejor luz sobre el mármol pentélico y menos gente, y rodea el Erecteón hasta verlo desde el sureste. Durante las olas de calor, la Acrópolis puede cerrar en las horas centrales del día.

La parada de metro más cercana es Akrópoli (línea 2, roja).

Otros monumentos imprescindibles junto al Erecteón

A pocos pasos del Erecteón encontrarás lo mejor de la Acrópolis: el Partenón, apenas al sur, templo de Atenea Parthenos; los Propileos, la entrada monumental por la que se accede; y el pequeño Templo de Atenea Niké, a la derecha según subes. En la ladera sur están el Teatro de Dioniso, cuna de la tragedia griega, y el Odeón de Herodes Ático, que todavía acoge conciertos en verano durante el Festival de Atenas y Epidauro. Con más tiempo, la roca del Areópago y la colina del Pnyx, ambas de acceso libre, ofrecen vistas magníficas y menos multitudes.

Las cariátides son hoy seis hermanas separadas por el tiempo, la contaminación y las fronteras: cinco reunidas en el Museo de la Acrópolis, una en Londres y seis réplicas montando guardia en el pórtico. Y aun así siguen sosteniendo, literal y simbólicamente, la memoria de Atenas. La mejor forma de comprenderlas es completar el círculo: contempla el pórtico en la colina y después las originales en el museo, para volver a reunir mentalmente a las doncellas que llevan veinticinco siglos custodiando el corazón de la ciudad.

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